martes, 27 de marzo de 2012

RUIDO MENTAL

            El País publicaba el martes, en su versión digital, el siguiente artículo:

            Las distracciones son el problema. Constantemente estamos obligados a elegir entre el ahora y el largo plazo. Y esa es la dualidad humana. Entre lo que es mejor para uno o entre “el me lo estoy pasando bien”, aunque lo que estés haciendo destruya a tu pareja y a ti mismo. Ser consciente a cada momento es tan duro, tan difícil… pero es tan necesario, tan importante… nos jugamos tanto cada día… nos jugamos los próximos setenta años de vida.

            Normalmente no nos damos cuenta de las circunstancias que nos rodean. Para eso existen las emociones. Nuestro cerebro no gestiona toda la información que le llega. Son demasiados bits. Por eso, solo atiende a los que considera importantes, a aquellos que pone al organismo en situación ventajosa en el momento dado, en el aquí y ahora. Y nos hace cometer errores.

         Queremos hacer demasiadas cosas. Y no nos damos cuenta que la vida es recíproca. No es una relación lineal de causa – efecto. No. Queremos ser maridos amantísimos y no nos damos cuenta que aquello que reprochamos a nuestra pareja no son fallos suyos, sino responsabilidades nuestras. Queremos ser padres perfectos y los errores de nuestros hijos son nuestros fracasos como padres.  

         Ocupamos nuestra mente con muchas tareas. Trabajo, casa, pareja… y nuestro cerebro no está preparado para mantener muchas tareas activas. No somos como los ordenadores. Si no acabamos una tarea, ésta ocupa espacio en nuestra mente, ocupa tiempo. Reduce recursos. Y nuestra memoria de trabajo es limitada. No disponemos de los recursos que nos gustarían. Si dedicamos tiempo y esfuerzo a trabajar, no lo disponemos para hacer el amor. Si lo dedicamos al facebook o a Internet, no lo disponemos para leer o estudiar. Nos estamos volviendo superficiales.

            Queremos que nuestra relación se base en el respeto, es decir, en que nos vean de una manera diferente y tal cómo somos, prestándonos atención constante. Deseamos que nos cuiden, que estén pendientes de nuestras necesidades y que nos ayuden a cubrirlas, de manera responsable. Y que además, se mantenga nuestra autonomía personal. Pero, ¿estamos dando lo mismo que pedimos?

            También estamos convencidos, pero equivocados. Definimos la estupidez como la suma de dos errores mentales, la sensación de impunidad (nunca ha pasado nada) y el hecho de sobrevalorar nuestras opiniones, conocimientos y habilidades. Cuando pensamos que podemos hacer lo que queramos sin que tenga consecuencias, estamos actuando estúpidamente. Cuando decimos “yo controlo”, es cuando ya es demasiado tarde, y ya el control está fuera de nosotros, de nuestro alcance y, posiblemente, no volvamos a recuperarlo.

            El ruido mental en el que vivimos también nos hace perder una de las emociones básicas. La compasión y la misericordia se han olvidado y ahora se llaman empatía. Que queda mejor. Sin embargo, no nos ponemos en la piel del otro tan fácilmente como nos venden los libros de autoayuda o los cursos de Inteligencia Emocional. Preferimos el orgullo, que nos hace racionalizar – buscar razones – y proyectar en las personas que están a tu lado, convirtiéndolos en culpables de lo que no lo son.

         Llenamos nuestras cabezas con materia para sobrevivir cada día. Al cerebro le encanta ese juego. Y somos capaces de tirar por la borda años de pelea, de lucha y de auténtica pasión por tomar un par de cervezas de más y por no centrarte en la persona a la que más quieres en el mundo.

          A Hamilton, las distracciones le hicieron perder unas carreritas. Nada. Un mero juego. A las personas normales, sin salir en los periódicos, nos pueden hacer perder bastante más. Podemos perder la carrera de la vida. 

martes, 20 de marzo de 2012

SI QUIERES VAMOS JUNTOS

            Hace ya un tiempo que no hablamos de finanzas. Nos hemos centrado en las emociones y cómo gestionarlas. En el estrés y cómo superarlo y hemos hecho referencia a la psicología positiva.

            Sin embargo, la psicología nos dice que para buscar la felicidad, para generar el bienestar, debemos tener cumplidas una serie de necesidades básicas. Y seamos sinceros, el estado de bienestar se encuentra en serias dificultades.

            Una manera de tomar el pulso a la sociedad es ver el número de veces que se busca una palabra en un área geográfica, utilizando las herramientas que ofrece Google. En concreto, las palabras finanzas, asesor financiero, planificador financiero, refinanciación, hipoteca, problemas económicos… Por ejemplo, el 10% de las búsquedas en Google en Noviembre de 2011 eran “crisis financiera” o temas relacionados. Sin embargo, para planificador financiero, desde 2004, no existe un volumen relevante de búsquedas. Para asesor financiero, las búsquedas no superan las 2600 al mes, la mayoría en Madrid, y están relacionadas con cursos de formación en este asunto.

            Otra manera de mirar cómo va la vida, es ojeando los títulos de los libros de no ficción que se publican. Aunque, a veces, son una ficción auténtica. Últimamente encontramos algunos títulos relacionados con la economía personal, como finanzas para tontos o finanzas para dummies. Tan ricamente.

       El análisis que nosotros hacemos es el siguiente: Tenemos una situación macroeconómica complicada, con unos niveles de endeudamiento muy elevados. Claro, las deudas se pagan si se generan ingresos y  España como país lo hace, y a nivel particular, con cerca de cinco millones de parados, tampoco generamos recursos. No me puedo preocupar de mi desarrollo personal si tengo en mente con qué voy a pagar la letra de la hipoteca o qué le voy a llevar a mis hijos pequeños. Además, nos tememos que la situación va a ser algo larga. La demografía en España ha caído poco a poco. Somos un país de viejos. Y mantener el sistema de protección social, jubilación, paro y demás subvenciones es muy caro. Estamos abocados a subidas de impuestos, a más recortes y a la pérdida de calidad de vida. Y vamos a vivir más años. Nuestra esperanza de vida es mayor, por lo que nos jubilaremos más tarde y con menos capacidad adquisitiva. Por último, no basta con leer libros y ver programas sobre finanzas. La salud financiera personal depende de llevar un programa de autocontrol estricto con respecto a las decisiones que tomamos.

        En Prossem ofrecemos servicios de planificación financiera. Utilizando las herramientas del Coaching, tratamos de desarrollar las capacidades financieras de nuestros clientes. Juntos, creamos “su concepto financiero” y lo revisamos a lo largo del tiempo. Es decir, nosotros no contratamos productos financieros en su nombre, tampoco le recomendamos productos: hacemos que sus capacidades financieras cambien, modifique su manera de pensar en el dinero y  sea usted quien en todo momento tome las decisiones informadas que quiera.

            Su concepto financiero se crea en torno a cuatro “patas” importantes: Protección, Ingresos, Jubilación y Patrimonio. Las cuatro están completamente interrelacionadas.

  • Protección: con un sistema sanitario con recortes y camino del copago, debemos estudiar cómo defender nuestra salud.
  • Ingresos: tenemos que potenciar nuestra estructura de gastos e ingresos, gestionar nuestra liquidez para poder ahorrar una pequeña cantidad cada mes.
  • Jubilación: cuando nos jubilamos, nuestros ingresos serán un porcentaje de lo que hemos ganado en nuestra vida profesional. La mayoría de las personas reduce sus gastos de acuerdo a su nuevo nivel de vida.  Crear un capital que nos permita reducir el impacto de esa reducción lo máximo y mantener nuestro poder adquisitivo es uno de los pilares básicos de la planificación.
  • Patrimonio: el patrimonio es la clave de la seguridad financiera, sea nuestra situación la que sea. Si tenemos hijos o los vamos a tener, si vamos a adquirir una vivienda… contar con un patrimonio sólido es fundamental. Además de crearlo, tenemos que saber mantenerlo.

          Analizamos las cuatro “patas”, su situación actual, y vemos cuáles son sus objetivos. Y creamos un camino juntos, un plan, una forma de lograrlo.

           Si quieres, vamos juntos.

martes, 13 de marzo de 2012

LA CIENCIA DEL BIENESTAR

               Se celebra en Madrid, los próximos días 15, 16 y 17 de Marzo, el primer congreso nacional de Psicología Positiva. Bajo dicho nombre, se reúne un conjunto de estudios que pretenden determinar las bases del bienestar humano.

             ¿De qué trata la Psicología Positiva?. Martin Seligman pasó a la historia de la Psicología por sus estudios sobre la indefensión aprendida y sus efectos en la depresión. La indefensión aprendida se puede resumir en que un organismo aprende que haga lo que haga, va a dar igual. La ausencia de percepción de control sobre las consecuencias de nuestro comportamiento produce déficit a nivel cognitivo (pensamiento), a nivel emocional e incluso a nivel motor (en los experimentos originales las ratas se quedaban petrificadas en una esquina de la caja de Skinner temblando y llegaban a morir de hambre a causa del miedo). Después, este mismo psicólogo publicó trabajos sobre el aprendizaje del optimismo, sobre qué se puede cambiar y qué no, y sus dos últimos trabajos están relacionados con la felicidad. En “La auténtica felicidad” expone la idea fundacional de la Psicología Positiva: hasta ahora, la psicología ha estado exclusivamente centrada en el sufrimiento y en los aspectos negativos o patológicos del ser humano. Esta nueva rama se centrará, pues, en los aspectos positivos, en qué hace feliz al hombre. El libro después desarrolla una serie de datos e ideas acerca de la felicidad y cómo llegar a ella.

          En España, tenemos diferentes publicaciones sobre el asunto: “Optimismo Inteligente” que abrió la veda, “Psicología del Potencial Humano”, que es un conjunto de artículos de diferentes autores, “La ciencia del Bienestar”… Además, existen varias páginas Web y tenemos un gran número de psicólogos dedicados a esta materia. No en vano, Carmelo Vázquez, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, es el Presidente – Electo, por unanimidad, de International Positive Psychology Association.

          Algunos aspectos interesantes que ha aportado la psicología positiva son, por ejemplo, la resilicencia, o la capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a los golpes que nos da la vida. Otros temas de estudio han sido las fortalezas humanas – una especie de estilos psicológicos – o la satisfacción vital. Pero sin duda, el centro de atención, posiblemente influidos por el éxito de los trabajos de Goleman – es “las emociones positivas”, como el amor, la bondad, el optimismo, el humor y la felicidad.  Sobre las fortalezas, incluso se puede realizar un test en http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/Default.aspx

             Las aplicaciones de la Psicología Positiva son numerosas. En primer lugar, aporta datos sobre la mente humana que se pueden utilizar en la empresa. Se han estudiado los factores que favorecen la motivación en la empresa, la efectividad laboral y el liderazgo. En la clínica, se ha trabajado sobre el Mindfulness, la autorregulación de la tristeza y la prevención de la depresión. Otros ámbitos de la psicología que se han enriquecido han sido la psicología social, con estudios sobre la inteligencia emocional, sus usos y abusos o la educación con desarrollos sobre la creatividad en los niños.

             Otro conjunto de datos que nos aporta es el estudio Coca – Cola sobre la Felicidad o la Felicidad Nacional Bruta: la Economía de la Publicidad.

         Todas las herramientas y datos que la Psicología positiva aporta ayudan a los psicólogos a fortalecer las capacidades de afrontamiento de las personas. También ayuda a los profesionales del coach para que sus clientes lleguen a los objetivos que se marcan. Y, sobre todo, permite a las personas construir su bienestar. No basta con ganar dinero. No basta con un puesto de trabajo maravilloso y ser jefe una empresa del Ibex. No. La ciencia nos está demostrando que la felicidad va por otro camino. Y estamos empezando a comprenderlo.

             Sin embargo, existen algunas críticas a la psicología positiva. Para empezar, no es cierto que la ciencia de la mente se haya centrado sólo en el sufrimiento o las patologías. Algunos de los datos que aporta ya se conocían. De hecho la Psicología como ciencia nace y se desarrolla para mejorar la educación o la selección del personal militar.

          Una segunda crítica es lo difuso de algunos términos. Por ejemplo, Seligman da mucha importancia a las fortalezas, pero su definición como constructo no cumple con los requisitos científicos y psicométricos.

            Tercero: se enfoca demasiado en las emociones positivas y se olvida de dos cosas. La primera es que las emociones son un producto de la evolución por selección natural. Y si existen las emociones negativas es porque nos han ayudado a sobrevivir. Imagínense si no tuviésemos miedo a los leones… La segunda es que desde la autoayuda y la cantidad de libros que se publican como “el tesoro”, “piense y hágase rico”  o “poder sin límites” parece que tienes que tener, sí o sí, una actitud positiva siempre. Tienes que estar perfecto. Y el ser humano los “tienes que…” no los asimila muy bien. Los seres humanos tenemos emociones y algunos días son maravillosos y otro no. Y lo que no es posible es que, por poner el foco en estar estupendos, nos amarguemos la vida.

           Como toda ciencia viva, la Psicología va creciendo y descubre nuevos elementos con los que enriquecernos. Que en España, en la situación de crisis financiera en la que nos hemos instalado, se celebre el I Congreso Nacional de Psicología Positiva, merece nuestra atención y nuestro reconocimiento. Y deseamos que el conocimiento que adquiera pronto pueda aplicarse a las vidas de las personas que buscamos el bienestar propio y el de las personas que nos rodean.


martes, 6 de marzo de 2012

PARA QUE NO OCURRA NUNCA MÁS

            Todos los martes procuramos publicar un artículo en este blog. Desde enero del 2011 hemos hablado de qué hace nuestra empresa, de la importancia de la formación, de finanzas, de emociones, de nuestro cerebro…

            Vamos a seguir hablando del cerebro. Y queremos resaltar algo importante: El cerebro no es perfecto. El cerebro es ciego. El cerebro es un órgano tremendamente egoísta. Y entendemos la mente como aquello que el cerebro hace. Por tanto, la mente no es perfecta. Desgraciadamente, no comprendemos cómo funciona la mente tan bien como conocemos el funcionamiento del cuerpo. Somos capaces de extirpar tumores, de realizar transplantes, de usar máquinas para mantener un corazón vivo… pero no diseñar un estado de bienestar, curar la depresión o la esquizofrenia, no dejarnos llevar por los celos o un enfado, gestionar nuestros sentimientos ante la pérdida de un ser querido o sanar la infelicidad. Gastamos recursos y tiempo en estudiar ingenierías, idiomas, carreras técnicas, profesiones… pero no así en aprender a aprender, en desarrollar habilidades de pensamiento o en algo tan simple como mejorar nuestra atención.

            Nuestro cerebro nos hace creer que somos únicos, irrepetibles. Nos enamoramos de nuestras ideas, de las explicaciones que le damos al mundo que nos rodea y atribuimos causas al comportamiento de los demás. Vemos, predecimos y nos explicamos el mundo a través de nuestra mente. Y somos conscientes – a pesar de Freud – de muchas más cosas de las que nos podríamos imaginar. Somos capaces de imaginar el futuro, de crear sinfonías bellísimas y de disfrutar del arte.

            La mala noticia es que la mente es un sistema de órganos de computación diseñado por la selección natural para resolver problemas específicos del medio en el que ha evolucionado. Es decir, de nuestros antepasados cazadores- recolectores, y no del siglo XXI. Y ello conlleva que la mente comete errores, fallos. Y los errores y los fallos nos meten en problemas y logran que sigamos siendo incapaces de curar el dolor que siente una persona rechaza por otra. O de eliminar los prejuicios raciales o el machismo.

            En este blog hemos comentado ya que los seres humanos somos ciegos a los grandes números. Ver las cifras de los rescates bancarios o de Grecia nos da una higa, porque solo sabemos que es mucho dinero. Y, aunque algunas informaciones en Internet digan que si hubiesen dado ese dinero al ciudadano de a pie se hubiesen solucionado los problemas, no es así, porque ni tocamos a tanto dinero, sino que además generaríamos hiperinflación. Por cierto, también somos ciegos al fenómeno de la inflación. Sólo nos damos cuenta que “los euros duran menos que las pesetas”. No vemos nada, ni torta, de las estadísticas. Es muy fácil que nos engañen o “vendan la moto” con porcentajes y gráficas. Y de probabilidad ni hablamos. No damos ni una.

            No vemos aquello que no esperamos ver. Que un gorila rojo aparezca en pantalla mientras contamos las veces que una pelota va de una persona a otra no es importante, pero cuando lo que no esperamos es un motorista que nos adelanta por la derecha, supone la diferencia entre la vida y la muerte, generalmente del motorista. Pensamos que lo que recordamos es lo que realmente sucedió (y es imposible que una persona de 30 años recuerde a Naranjito y el gol de Francia a España). Sobrestimamos nuestras capacidades y creemos que alguien que muestra seguridad en sí mismo es alguien que sabe mucho de aquello que habla. Sobrevaloramos nuestros conocimientos y creemos que entendemos cómo funcionan las cosas, sin darnos cuenta que, cuanta más información, cuantos más datos, peores decisiones (porque normalmente, ni ustedes ni nosotros recogemos esos datos de forma sistemática y controlada para evitar el azar). Pensamos que existen partes de nuestro cerebro sin usar, que sólo utilizamos un 10 % y el otro noventa podemos entrenarlo y ser los más listos del barrio, y además, se entrena fácilmente, haciendo sudokus o programas de entrenamiento cerebral con la videoconsola o simplemente escuchando a Mozart.

            Hay dos fallos mentales que hoy nos preocupan especialmente. Uno de ellos es que nos enamoramos de nuestras creencias. ¿Quiere discutir usted con alguien? Enfréntese a sus creencias. Pregúntele “¿Por qué?” varias veces y a la cuarta o quinta le mandará a paseo. Pídale que le muestre un estudio bien controlado que sostenga esa idea y el paseo será más largo. Pero evite que le cuente que “a él le paso”, que “conoce a un fulano que…” o que “su familia tal”. Caerá usted en la trampa y dará por válido algo que, como mucho, no  deja ser una experiencia personal y posiblemente única. Además, nuestras creencias nos determinan a la hora de seleccionar la información que buscamos. Nos quedamos con aquello que confirma nuestra hipótesis. Y confirmar una  idea 100 veces no la convierte en verdadera, con sólo encontrar un dato que la false.  

            El segundo fallo, vinculado con el primero, es la ilusión de causa. Encontramos patrones donde sólo hay azar. Inferimos relaciones causa – efecto por el mero hecho de ocurrir dos eventos juntos. Y lo que es pero, inferimos causalidad a partir de narraciones humanas, de anécdotas.

            Hemos querido volver sobre estos errores mentales porque constatamos que se están utilizando, día a día, por la prensa de este país y por grupos de presión de uno u otro bando, en relación a los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid. El Colegio de Psicólogos de Madrid ya emitió la siguiente comunicación:

“El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid quiere informar a la opinión pública en general y a los medios de comunicación en particular, que la emisión de imágenes a través de cualquier medio puede provocar situaciones de crisis entre las víctimas relacionadas con el atentado del 11 de marzo en Madrid. Por ello, quiere solicitar encarecidamente a los medios de comunicación españoles su colaboración para que no emitan este tipo de imágenes”

                                                                                              Madrid, 8 de julio de 2005


            Y cada año, en el aniversario de este deleznable atentado, nos encontramos con la misma cantinela, amparándose en “la defensa de la verdad”, como si demostrar que unos u otros llevan razón, va a mitigar el dolor por la pérdida de un ser querido, o nos va a llevar a recuperar el oído que perdimos por el ruido de la explosión. Pedimos, por tanto, que usen su cabeza para variar y tengan en cuenta el interés de las personas que lo sufrieron y no los intereses propios o del periodista o político de turno, que se dedican a explotar la irracionalidad humana.

            Para que no ocurra nunca más.

martes, 28 de febrero de 2012

OTRA VUELTA DE TUERCA

La búsqueda de la excelencia no está en la lectura de libros de Tom Peters o de Peter Drucker. No. De hecho, estos dos autores lo único que hacen es constatar ciertas prácticas en empresas exitosas, pero no han realizado ningún experimento que les permita afirmar que una práctica A logra unos resultados X. Simplemente caen en una ilusión cognitiva, llamada Ilusión de Causa, en la que la mente humana atribuye causalidad a dos acontecimientos que ocurren simultáneamente, o uno detrás del otro, pero que en realidad no tienen relación ninguna. Ni siquiera se han parado a comprobar si existe correlación estadística.

El gran problema de la literatura empresarial es el mismo que el de la literatura de autoayuda. Relatan una serie de acontecimientos que supuestamente han llevado al éxito a una serie de personas. Y en ningún momento se han parado a estudiar si esto es así o solo una ilusión mental más. Convencidos, pero equivocados.

En Prossem hasta ahora hemos hablado de formación, porque estamos convencidos que el cambio en la sociedad, en el grupo, empieza por el cambio individual. Pero también sabemos que no es suficiente. Que se tiene que cambiar al grupo, su estructura, sus miembros o lo que haga falta. Si las empresas de este bendito país no empiezan a ser racionales, sean del tamaño que sean, no generarán los beneficios necesarios para financiar su crecimiento, necesitarán de las entidades financieras para expandirse y volvemos a más de lo mismo. Luego, los malos son los bancos, y no nuestra cultura, pobrecitos nosotros, que no respetan al individuo, al grupo, y que depende de una línea de descuento o de una cuenta de crédito.  Le damos el poder a entidades que son ineficaces por su estructura de personal – los bancos en esta crisis han mantenido su estructura de jefes de zona con uno o dos responsables comerciales, jefes territoriales, jefes de banca minorista, jefes de banca de empresas… todos con sueldos suculentos – y cuando nos niegan la financiación, hay que colgarlos a todos, que nos han engañado o nos han dejado en la estacada. Sin embargo, queremos ser más listos que nadie, incluso que los bancos. Y el problema es que, antes o después, aparece alguien más listo que nosotros y nos la da. Con queso o sin el.

Cuando una persona invierte sus recursos en la creación de una empresa o comprando una ya existente, tiene que tener en cuenta que la rentabilidad de su inversión debe ser superior a la que le pudiera aportar un activo libre de riesgo, un plazo fijo bancario o, al menos, superar la inflación. En España, la principal partida de gastos en la cuenta de resultados de las empresas es el gasto de personal. Recientemente, un empresario dueño de una PYME del sector servicios nos decía que el personal suponía para él el ochenta por ciento de sus ingresos. Si su empresa hubiese sido una mera inversión financiera, le habríamos recomendado cerrarla e invertir en Bonos del Estado del Reino  de España. Pero no lo es. Y el trabajo es analizar científicamente la estructura de la empresa y dotarla de los cambios necesarios para que logre su meta, que es ganar dinero.

En Prossem utilizamos un modelo de contenidos, una base conceptual, un marco de referencia que identifica los tipos de información más importantes en el trabajo y los integramos dentro de un sistema teórico y empírico. Esta información, agrupadas en seis variables, nos  permite describir, medir, predecir y modificar el rendimiento de los empleados de diferentes empresas y tomar las medidas oportunas para lograr mayores índices de eficacia.  La información acerca del puesto de trabajo – su análisis y descripción – nos permite saber qué características tiene que poseer un trabajador, que formación es necesaria para los que ya son miembros de la organización o qué modificaciones son necesarias en el mismo puesto de trabajo para incrementar la productividad de éste, lo ocupe quién lo ocupe.

Por poner un ejemplo. Una franquicia de intermediación financiera tenía en sus oficinas un puesto administrativo totalmente inútil, dado que los comerciales podían realizar ese trabajo (control de horarios y citas, planning, administración y control de expedientes, archivo, recepción de llamadas…). Como era una franquicia exitosa y pionera, las franquicias posteriores imitaron su método de trabajo y copiaron el mismo puesto, sin ponerlo en tela de juicio. El problema en ese puesto no es el trabajador que lo ocupa, es el puesto en sí, que no aporta valor añadido a la empresa y sí un gasto mensual considerable. Es mucho más rentable cambiar las tareas de los puestos comerciales, dándoles un peso administrativo, formándolos en esas tareas así como en su información al superior correspondiente. Una formación que no cuesta mucho más de seis mil euros y sin embargo, mantienen un puesto que genera unos gastos superiores a los doce mil euros anuales.

Podríamos poner más ejemplos, pero no es el objetivo de este artículo. Nuestro objetivo es recalcar que existen formas diferentes de hacer las cosas, que dan resultados y que están avaladas por el trabajo de científicos, teorías y datos. Y que en un país donde el espíritu emprendedor brilla por su ausencia, aprender a hacer empresa desde la racionalidad, la eficacia y la seriedad es el único camino para no depender de los momentos de crecimiento del PIB – que aquí tuvimos dieciséis años gracias al boom del ladrillo y del dinero que venía de Europa vía fondos de cohesión – o que la única esperanza del empresariado sea abaratar el despido. No llegamos a comprender cómo despedir a una persona puede mejorar la situación de la empresa. De hecho, si esa persona no es eficaz ahora, no lo ha sido antes, por mucho que estemos en crisis ahora. Si una persona no ha añadido ni una pizca de valor a la empresa, tampoco lo hacía antes. Pero la bonanza ciega incluso a los más inteligentes. Y al primero que habría que mandar a la calle – sentimos ser tan duros – es al gestor de recursos humanos que no tuvo en cuenta los gastos que genera fichar a una persona, formarla, ponerla a trabajar para después despedirla.

La Psicología del Trabajo fue la primera rama de esta ciencia en profesionalizarse, en hacerse científica. Nació de la necesidad de lograr ejércitos eficientes, que ganaran guerras, con el menor número de bajas y el menor número de daños. Prossem pone a disposición de todas las empresas, sean del tamaño que sean, cien años de investigación, teorías, técnicas y resultados.  El objetivo: ser profesionales, fríos, serios, enfocados a metas y aportar valor añadido a la sociedad a la que pertenecemos. 

martes, 21 de febrero de 2012

PSICOLOGÍA PARA COACHES

            Desde la Ilustración tenemos una manera de saber qué cosas son verdad y qué son mero cuento. Por ejemplo, sabemos que la tierra gira alrededor del sol (no siempre se supo), que estamos en una galaxia perdida a un lado del universo, que no siempre hubo vida en la tierra, que la que hay cambia y mucho. Sabemos cómo funciona, más o menos, el cuerpo humano y podemos curar enfermedades y tumores, usamos la tecnología para mejorar la vida – incluso inventamos corazones artificiales- o para diagnosticas e intervenir. Otras cosas, como un acelerador de partículas, no sabemos para qué se han inventado pero ya nos lo dirán los científicos. Lo más bonito de todo, son los límites a los que la ciencia no ha sido capaz de batir, pero se lucha día a día para superarlos. Imagínense si damos con la tecla para crear vida sintética… las aplicaciones médicas son inimaginables.

            La ciencia aplicada es maravillosa. Pero desgraciadamente llama más la atención aquello que es altamente visible y poco representativo – como un trasplante de rostro completo o la oveja Dolly -. No nos centramos en la ciencia del pensamiento, de las emociones y del comportamiento. Por ejemplo: todavía hay quien afirma que las pirámides las construyeron los extraterrestres, que el 11 de Septiembre fue una conspiración del propio gobierno de los EE.UU, que la ética del trabajo depende de la visión protestante del Cristianismo o que Nostradamus predijo el fin del mundo. Nos podemos reír, pero existen personas que piensan así, que ven programas al estilo “Cuarto Milenio” y se gastan doscientos mil dólares por una tostada en la que aparece la cara de la Nuestra Señora La Virgen de La Soledad (caso real ocurrido en EE.UU).

            Así que no nos debe extrañar que compremos excelentes aparatos en la teletienda que nos rejuvenecen o nos ponen un cuerpo excepcional, sin esfuerzo, eso sí, hagamos caso de las recomendaciones médicas de nuestro vecino, nos apuntemos a la dieta Dunkan o a las pastillitas que para adelgazar, se recomienda una dieta baja en grasas y ejercicio diario, nos den rayos ultramagnéticos en una pierna que nos han operado y nos duele, o nos compremos un piso porque nunca bajan de precio.    

            Tampoco deberíamos afearle la conducta a quienes ven programas de televisión basados en la vida de los demás o a los que cuentan su vida en verso, prosa y latín a través de Facebook, Twitter o derivados. Ni a aquellas personas que están enganchadas a  sistemas electrónicos de mensajería, chats o similares. Deberíamos tener compasión de la mujer, casada, que se siente sola, que sólo sabe decirle a su marido que es lo que tiene que hacer o del marido, desgraciado él, que va a trabajar, después al bar y evita a su mujer, entre otras cosas, porque se le ha olvidado comprar el pollo para la cena. Nos debería generar cierto grado de compasión las parejas cuya vida sexual es menos frecuente que la de los Gorilas (cada cinco años) o que buscan amigos para contarse “sus” problemas.

            Vive en el mundo una categoría especial de personas que, en lugar de ir al médico, toman todo tipo de plantas, soluciones homeopáticas y similares, que además, te vende la parafarmacia del hipermercado del barrio. También ha evolucionado una nueva especie de ser humano, que aún no tiene nombre, que consume libros de autoayuda o de gestión empresarial. O la especie que no comete errores y, por tanto, no tiene ni la más mínima consideración hacia los errores de los demás. O los que creen que las cosas se deben decir, a la cara, con los modales que sean, y allá tú cómo te sientas, que la vida no es un sofá. Dentro de la magnitud humana, están también los que actúan, que el truco está en hacer, y las consecuencias de mis actos ya llegarán, si es que llegan.

            Una mención especial la tiene el Homo Financiero. Todos sabemos cómo salir de esta crisis, todos la vimos venir – menos los gobiernos, que eran unos inútiles, fuesen del país que fuesen o del color del partido de turno –  y cuando los efectos de la recesión nos tocan, es que somos unos pobres, que la mala suerte se ceba con nosotros, que nos desvivimos por salir de ésta, como sea.

            La información es un veneno peligroso. Y con Intenet, más. Consumimos más telediarios que nunca, más periódicos que en otro momento de la historia (los digitales son “gratis”, que ya pagamos la conexión) y más opiniones que nunca jamás. Además, tenemos la posibilidad de elegir a aquellos que dicen justo lo que queremos oír. Qué casualidad.

            Lo peor de todo esto, bromas aparte, es que este tipo de comportamientos ya los predice una ciencia, la Psicología, que generalmente está denostada. Y puede aportar mucho para mejorar nuestras vidas. Si somos conscientes de los errores de nuestro cerebro, podemos poner remedio. Si no, difícilmente. Y seguiremos pensando que en Marte hay seres verdes.

            Transmitir conocimientos básicos de Psicología para aplicarlos a procesos de Coaching  es uno de los objetivos de Prossem.  El objetivo del Coaching es la mejora personal o grupal, mediante la consecución de unos objetivos previamente diseñados. Es transformar una serie de limitaciones, en recursos, en capacidades. El Coach que conoce y comprende los procesos de percepción, de personalidad, de pensamiento y de las emociones, puede llegar a lo más profundo de sus clientes y acompañarles en el camino de transformación que supone todo el proceso.

            El Coach puede utilizar las herramientas que crea oportunas: Programación Neurolingüística, eneagrama, esquemas de preguntas… lo que quiera. En definitiva, está ayudando a una persona a modificar su comportamiento para que logre su metas, o sea más eficaz en el trabajo, o gestione de forma excelente un grupo.  Nosotros, le aportamos una herramienta más. La ciencia del comportamiento, del cambio y de, para quien quiera, ver la vida con otros ojos. 

martes, 14 de febrero de 2012

APRENDER A CRECER

            Debe ser por el cambio de gobierno pero llevamos dos semanas cargadas de noticias que nos afectan directamente. Se han aprobado dos leyes importantes: la reestructuración del sistema financiero y la “reforma” laboral. En Grecia han autorizado más recortes para que la ayuda económica llegue en forma de tercer, cuarto o enésimo rescate y los economistas liberales atacan al resto de escuelas en su materia para, en realidad, defender unas medidas que no nos sacan de la crisis. Unos piensan que se debe reducir la deuda, que es una prioridad, y otros creen que se debe fortalecer el crecimiento económico como sea. De hecho, en España sólo se crea empleo cuando el PIB crece por encima del 2.5%, algo de lo que estamos bastante lejos.

            Conceptos como Producto Interior Bruto, inflación o Índice de Precios al Consumo, demanda agregada y otros más, nos quedan bastante lejos. Por suerte, no todo el mundo se dedica a la macroeconomía y existen zapateros, panaderos, médicos, sacerdotes, escritores, carpinteros, dentistas, electricistas, fontaneros, albañiles, profesores, agricultores, investigadores, camareros…

            Y en realidad, esta es la esencia de las cosas. En la Edad Media, uno aspiraba a dos cosas: no morirse y tener una profesión. Si entrabas en un gremio, ya era un triunfo. Si no, trabajar la tierra del señor de turno y llevarse algo a la boca cada noche. Uno se preocupaba en no ofender a Dios, cumplir con los sagrados mandamientos y trabajar. Sólo trabajar.

            En la época de Karl Marx, una persona que iba a la fábrica, acompañado por la familia que también trabajaba en la fábrica, no tenía tiempo para pensar en la felicidad, en el amor o en el desarrollo personal. Sólo en ganar lo suficiente para comer él y los suyos y que su mujer no muriese en el próximo parto.

            Hasta no hace mucho tiempo, nuestros padres se conformaban con un trabajo fijo durante toda su vida y ganar lo suficiente para mantener a sus familias. Más o menos, nuestros antepasados tenían claro cómo iba a trascurrir su vida.

            Sin embargo, nosotros disponemos de múltiples elecciones. Y puede parecer que eso es bueno. Pero los psicólogos cognitivos nos advierten: la capacidad de elegir nos hace más infelices.

            Varios son los síntomas de la sociedad moderna:

-        Falta de concentración. El uso de búsquedas en Internet, las redes sociales y otras herramientas tecnológicas nos vuelve superficiales y despistados, y entorpece los procesos de pensamiento crítico.

-       Ausencia de un proyecto vital. El éxito se mide por el número de amigos en Facebook y no por el logro consciente y esforzado de metas.

-       Exceso de prisas. Todo corre más deprisa. Queremos que “lo que nos apetece” se haga ya. Ahora, como tengamos nosotros que realizar algo, ya nos tomaremos nuestro tiempo.

-       Exceso de información. Somos capaces de “enterarnos” cómo va el mundo con un solo “click”. Ahora bien, ¿Saben ustedes que el uso de Smartphones genera ansiedad por ausencia de reforzamiento?

-        Sobrepeso relacional. Hemos evolucionado en clanes y familias. En los noventa, los científicos sociales decían que podíamos llegar a conocer a unas 800 personas. Y ahora tenemos Facebook, Twitter y no se cuántas redes sociales más.

-        Trabajos no productivos. Existen tanta cantidad de “jefes”, es decir, mandos intermedios, que las empresas no pueden ganar dinero suficiente para pagarlos. Y en realidad son “arreadores”. Se dedican a controlar a los “subordinados”. Pero ¿producir?, lo único que producen es gasto.

-        Pobreza ética. Pregúntenle a sus hijos que cuáles son sus valores. O si saben la importancia de tener reglas. ¿Ni idea, verdad? ¿Les suena a chino?

-        Falta de profesionalidad. Entendida como responsabilidad. Hacemos lo que nos da la gana sin asumir las consecuencias de nuestros actos.

-        Motivación basada en lo material o pobre motivación intrínseca. ¿Cuántas personas pueden decir que se dedican a lo que siempre han querido? Pocas. El valor de un trabajo se mide por el salario asignado. La única regla es tanto tienes, tanto vales, por eso un trabajo de 120.000 euros al año es mejor que uno de 30.000. Aunque ni veas a tu mujer (te da igual. No la soportas), a tus hijos, (te da igual. No se van a ir de casa. Ya tendrás tiempo para verlos) o a tu perro (te da igual. De hecho, no te has enterado que nunca has tenido perro).

-        Comunicación infantil. ¿Han oído hablar de la palabra nagging? No. Es cuando tu mujer está detrás de ti con “haz la cama”, “hay que recoger la ropa”, “llama a fulano” “tienes que…”. No buscar las palabras apropiadas, no usar los tonos de voz, soltar las cosas según vienen a la cabeza… El “nagging” suele minar la cordialidad de las relaciones y las mata poco a poco, pero la comunicación superficial… puede generar males mayores a los de las siete plagas.

            Autonomía, dominio, fines. Autonomía, dominio, fines. Autonomía, Dominio y fines. No nos cansamos de repetirlo una vez más. Las palabras mágicas son Autonomía, Dominio y Fines.

            Autonomía es autogestión. Es decidir la tarea que uno va a hacer, el tiempo que le va a dedicar, con que técnica y con qué equipo. El Dominio es mejorar en un área de la vida hasta ser un experto mundial en se área. El dominio es comprometerse: querer mejorar y perfeccionar en algo que importa. El desafío intelectual – querer aprender  dominar algo nuevo – es el mejor vaticinador de la productividad. Y fines: las metas y los objetivos son los que dan un marco de referencia a nuestra vida. Sin ellos, somos pollos corriendo sin cabeza.

            Piensen un momento: ¿Su trabajo lo puede hacer alguien por menos dinero del que cobra usted? ¿Su trabajo lo puede hacer más rápido un ordenador?  y ¿hay poca demanda para lo que usted hace? Si puede responder sí a las tres, cambie de trabajo. Se va ir al paro. Si puede contestar sí a una o dos, piense en un nuevo desarrollo profesional. Aprenda a crecer sobre la autonomía, el dominio y los fines. Eso es saber crecer. Prossem le enseña las herramientas.