martes, 28 de febrero de 2012

OTRA VUELTA DE TUERCA

La búsqueda de la excelencia no está en la lectura de libros de Tom Peters o de Peter Drucker. No. De hecho, estos dos autores lo único que hacen es constatar ciertas prácticas en empresas exitosas, pero no han realizado ningún experimento que les permita afirmar que una práctica A logra unos resultados X. Simplemente caen en una ilusión cognitiva, llamada Ilusión de Causa, en la que la mente humana atribuye causalidad a dos acontecimientos que ocurren simultáneamente, o uno detrás del otro, pero que en realidad no tienen relación ninguna. Ni siquiera se han parado a comprobar si existe correlación estadística.

El gran problema de la literatura empresarial es el mismo que el de la literatura de autoayuda. Relatan una serie de acontecimientos que supuestamente han llevado al éxito a una serie de personas. Y en ningún momento se han parado a estudiar si esto es así o solo una ilusión mental más. Convencidos, pero equivocados.

En Prossem hasta ahora hemos hablado de formación, porque estamos convencidos que el cambio en la sociedad, en el grupo, empieza por el cambio individual. Pero también sabemos que no es suficiente. Que se tiene que cambiar al grupo, su estructura, sus miembros o lo que haga falta. Si las empresas de este bendito país no empiezan a ser racionales, sean del tamaño que sean, no generarán los beneficios necesarios para financiar su crecimiento, necesitarán de las entidades financieras para expandirse y volvemos a más de lo mismo. Luego, los malos son los bancos, y no nuestra cultura, pobrecitos nosotros, que no respetan al individuo, al grupo, y que depende de una línea de descuento o de una cuenta de crédito.  Le damos el poder a entidades que son ineficaces por su estructura de personal – los bancos en esta crisis han mantenido su estructura de jefes de zona con uno o dos responsables comerciales, jefes territoriales, jefes de banca minorista, jefes de banca de empresas… todos con sueldos suculentos – y cuando nos niegan la financiación, hay que colgarlos a todos, que nos han engañado o nos han dejado en la estacada. Sin embargo, queremos ser más listos que nadie, incluso que los bancos. Y el problema es que, antes o después, aparece alguien más listo que nosotros y nos la da. Con queso o sin el.

Cuando una persona invierte sus recursos en la creación de una empresa o comprando una ya existente, tiene que tener en cuenta que la rentabilidad de su inversión debe ser superior a la que le pudiera aportar un activo libre de riesgo, un plazo fijo bancario o, al menos, superar la inflación. En España, la principal partida de gastos en la cuenta de resultados de las empresas es el gasto de personal. Recientemente, un empresario dueño de una PYME del sector servicios nos decía que el personal suponía para él el ochenta por ciento de sus ingresos. Si su empresa hubiese sido una mera inversión financiera, le habríamos recomendado cerrarla e invertir en Bonos del Estado del Reino  de España. Pero no lo es. Y el trabajo es analizar científicamente la estructura de la empresa y dotarla de los cambios necesarios para que logre su meta, que es ganar dinero.

En Prossem utilizamos un modelo de contenidos, una base conceptual, un marco de referencia que identifica los tipos de información más importantes en el trabajo y los integramos dentro de un sistema teórico y empírico. Esta información, agrupadas en seis variables, nos  permite describir, medir, predecir y modificar el rendimiento de los empleados de diferentes empresas y tomar las medidas oportunas para lograr mayores índices de eficacia.  La información acerca del puesto de trabajo – su análisis y descripción – nos permite saber qué características tiene que poseer un trabajador, que formación es necesaria para los que ya son miembros de la organización o qué modificaciones son necesarias en el mismo puesto de trabajo para incrementar la productividad de éste, lo ocupe quién lo ocupe.

Por poner un ejemplo. Una franquicia de intermediación financiera tenía en sus oficinas un puesto administrativo totalmente inútil, dado que los comerciales podían realizar ese trabajo (control de horarios y citas, planning, administración y control de expedientes, archivo, recepción de llamadas…). Como era una franquicia exitosa y pionera, las franquicias posteriores imitaron su método de trabajo y copiaron el mismo puesto, sin ponerlo en tela de juicio. El problema en ese puesto no es el trabajador que lo ocupa, es el puesto en sí, que no aporta valor añadido a la empresa y sí un gasto mensual considerable. Es mucho más rentable cambiar las tareas de los puestos comerciales, dándoles un peso administrativo, formándolos en esas tareas así como en su información al superior correspondiente. Una formación que no cuesta mucho más de seis mil euros y sin embargo, mantienen un puesto que genera unos gastos superiores a los doce mil euros anuales.

Podríamos poner más ejemplos, pero no es el objetivo de este artículo. Nuestro objetivo es recalcar que existen formas diferentes de hacer las cosas, que dan resultados y que están avaladas por el trabajo de científicos, teorías y datos. Y que en un país donde el espíritu emprendedor brilla por su ausencia, aprender a hacer empresa desde la racionalidad, la eficacia y la seriedad es el único camino para no depender de los momentos de crecimiento del PIB – que aquí tuvimos dieciséis años gracias al boom del ladrillo y del dinero que venía de Europa vía fondos de cohesión – o que la única esperanza del empresariado sea abaratar el despido. No llegamos a comprender cómo despedir a una persona puede mejorar la situación de la empresa. De hecho, si esa persona no es eficaz ahora, no lo ha sido antes, por mucho que estemos en crisis ahora. Si una persona no ha añadido ni una pizca de valor a la empresa, tampoco lo hacía antes. Pero la bonanza ciega incluso a los más inteligentes. Y al primero que habría que mandar a la calle – sentimos ser tan duros – es al gestor de recursos humanos que no tuvo en cuenta los gastos que genera fichar a una persona, formarla, ponerla a trabajar para después despedirla.

La Psicología del Trabajo fue la primera rama de esta ciencia en profesionalizarse, en hacerse científica. Nació de la necesidad de lograr ejércitos eficientes, que ganaran guerras, con el menor número de bajas y el menor número de daños. Prossem pone a disposición de todas las empresas, sean del tamaño que sean, cien años de investigación, teorías, técnicas y resultados.  El objetivo: ser profesionales, fríos, serios, enfocados a metas y aportar valor añadido a la sociedad a la que pertenecemos. 

martes, 21 de febrero de 2012

PSICOLOGÍA PARA COACHES

            Desde la Ilustración tenemos una manera de saber qué cosas son verdad y qué son mero cuento. Por ejemplo, sabemos que la tierra gira alrededor del sol (no siempre se supo), que estamos en una galaxia perdida a un lado del universo, que no siempre hubo vida en la tierra, que la que hay cambia y mucho. Sabemos cómo funciona, más o menos, el cuerpo humano y podemos curar enfermedades y tumores, usamos la tecnología para mejorar la vida – incluso inventamos corazones artificiales- o para diagnosticas e intervenir. Otras cosas, como un acelerador de partículas, no sabemos para qué se han inventado pero ya nos lo dirán los científicos. Lo más bonito de todo, son los límites a los que la ciencia no ha sido capaz de batir, pero se lucha día a día para superarlos. Imagínense si damos con la tecla para crear vida sintética… las aplicaciones médicas son inimaginables.

            La ciencia aplicada es maravillosa. Pero desgraciadamente llama más la atención aquello que es altamente visible y poco representativo – como un trasplante de rostro completo o la oveja Dolly -. No nos centramos en la ciencia del pensamiento, de las emociones y del comportamiento. Por ejemplo: todavía hay quien afirma que las pirámides las construyeron los extraterrestres, que el 11 de Septiembre fue una conspiración del propio gobierno de los EE.UU, que la ética del trabajo depende de la visión protestante del Cristianismo o que Nostradamus predijo el fin del mundo. Nos podemos reír, pero existen personas que piensan así, que ven programas al estilo “Cuarto Milenio” y se gastan doscientos mil dólares por una tostada en la que aparece la cara de la Nuestra Señora La Virgen de La Soledad (caso real ocurrido en EE.UU).

            Así que no nos debe extrañar que compremos excelentes aparatos en la teletienda que nos rejuvenecen o nos ponen un cuerpo excepcional, sin esfuerzo, eso sí, hagamos caso de las recomendaciones médicas de nuestro vecino, nos apuntemos a la dieta Dunkan o a las pastillitas que para adelgazar, se recomienda una dieta baja en grasas y ejercicio diario, nos den rayos ultramagnéticos en una pierna que nos han operado y nos duele, o nos compremos un piso porque nunca bajan de precio.    

            Tampoco deberíamos afearle la conducta a quienes ven programas de televisión basados en la vida de los demás o a los que cuentan su vida en verso, prosa y latín a través de Facebook, Twitter o derivados. Ni a aquellas personas que están enganchadas a  sistemas electrónicos de mensajería, chats o similares. Deberíamos tener compasión de la mujer, casada, que se siente sola, que sólo sabe decirle a su marido que es lo que tiene que hacer o del marido, desgraciado él, que va a trabajar, después al bar y evita a su mujer, entre otras cosas, porque se le ha olvidado comprar el pollo para la cena. Nos debería generar cierto grado de compasión las parejas cuya vida sexual es menos frecuente que la de los Gorilas (cada cinco años) o que buscan amigos para contarse “sus” problemas.

            Vive en el mundo una categoría especial de personas que, en lugar de ir al médico, toman todo tipo de plantas, soluciones homeopáticas y similares, que además, te vende la parafarmacia del hipermercado del barrio. También ha evolucionado una nueva especie de ser humano, que aún no tiene nombre, que consume libros de autoayuda o de gestión empresarial. O la especie que no comete errores y, por tanto, no tiene ni la más mínima consideración hacia los errores de los demás. O los que creen que las cosas se deben decir, a la cara, con los modales que sean, y allá tú cómo te sientas, que la vida no es un sofá. Dentro de la magnitud humana, están también los que actúan, que el truco está en hacer, y las consecuencias de mis actos ya llegarán, si es que llegan.

            Una mención especial la tiene el Homo Financiero. Todos sabemos cómo salir de esta crisis, todos la vimos venir – menos los gobiernos, que eran unos inútiles, fuesen del país que fuesen o del color del partido de turno –  y cuando los efectos de la recesión nos tocan, es que somos unos pobres, que la mala suerte se ceba con nosotros, que nos desvivimos por salir de ésta, como sea.

            La información es un veneno peligroso. Y con Intenet, más. Consumimos más telediarios que nunca, más periódicos que en otro momento de la historia (los digitales son “gratis”, que ya pagamos la conexión) y más opiniones que nunca jamás. Además, tenemos la posibilidad de elegir a aquellos que dicen justo lo que queremos oír. Qué casualidad.

            Lo peor de todo esto, bromas aparte, es que este tipo de comportamientos ya los predice una ciencia, la Psicología, que generalmente está denostada. Y puede aportar mucho para mejorar nuestras vidas. Si somos conscientes de los errores de nuestro cerebro, podemos poner remedio. Si no, difícilmente. Y seguiremos pensando que en Marte hay seres verdes.

            Transmitir conocimientos básicos de Psicología para aplicarlos a procesos de Coaching  es uno de los objetivos de Prossem.  El objetivo del Coaching es la mejora personal o grupal, mediante la consecución de unos objetivos previamente diseñados. Es transformar una serie de limitaciones, en recursos, en capacidades. El Coach que conoce y comprende los procesos de percepción, de personalidad, de pensamiento y de las emociones, puede llegar a lo más profundo de sus clientes y acompañarles en el camino de transformación que supone todo el proceso.

            El Coach puede utilizar las herramientas que crea oportunas: Programación Neurolingüística, eneagrama, esquemas de preguntas… lo que quiera. En definitiva, está ayudando a una persona a modificar su comportamiento para que logre su metas, o sea más eficaz en el trabajo, o gestione de forma excelente un grupo.  Nosotros, le aportamos una herramienta más. La ciencia del comportamiento, del cambio y de, para quien quiera, ver la vida con otros ojos. 

martes, 14 de febrero de 2012

APRENDER A CRECER

            Debe ser por el cambio de gobierno pero llevamos dos semanas cargadas de noticias que nos afectan directamente. Se han aprobado dos leyes importantes: la reestructuración del sistema financiero y la “reforma” laboral. En Grecia han autorizado más recortes para que la ayuda económica llegue en forma de tercer, cuarto o enésimo rescate y los economistas liberales atacan al resto de escuelas en su materia para, en realidad, defender unas medidas que no nos sacan de la crisis. Unos piensan que se debe reducir la deuda, que es una prioridad, y otros creen que se debe fortalecer el crecimiento económico como sea. De hecho, en España sólo se crea empleo cuando el PIB crece por encima del 2.5%, algo de lo que estamos bastante lejos.

            Conceptos como Producto Interior Bruto, inflación o Índice de Precios al Consumo, demanda agregada y otros más, nos quedan bastante lejos. Por suerte, no todo el mundo se dedica a la macroeconomía y existen zapateros, panaderos, médicos, sacerdotes, escritores, carpinteros, dentistas, electricistas, fontaneros, albañiles, profesores, agricultores, investigadores, camareros…

            Y en realidad, esta es la esencia de las cosas. En la Edad Media, uno aspiraba a dos cosas: no morirse y tener una profesión. Si entrabas en un gremio, ya era un triunfo. Si no, trabajar la tierra del señor de turno y llevarse algo a la boca cada noche. Uno se preocupaba en no ofender a Dios, cumplir con los sagrados mandamientos y trabajar. Sólo trabajar.

            En la época de Karl Marx, una persona que iba a la fábrica, acompañado por la familia que también trabajaba en la fábrica, no tenía tiempo para pensar en la felicidad, en el amor o en el desarrollo personal. Sólo en ganar lo suficiente para comer él y los suyos y que su mujer no muriese en el próximo parto.

            Hasta no hace mucho tiempo, nuestros padres se conformaban con un trabajo fijo durante toda su vida y ganar lo suficiente para mantener a sus familias. Más o menos, nuestros antepasados tenían claro cómo iba a trascurrir su vida.

            Sin embargo, nosotros disponemos de múltiples elecciones. Y puede parecer que eso es bueno. Pero los psicólogos cognitivos nos advierten: la capacidad de elegir nos hace más infelices.

            Varios son los síntomas de la sociedad moderna:

-        Falta de concentración. El uso de búsquedas en Internet, las redes sociales y otras herramientas tecnológicas nos vuelve superficiales y despistados, y entorpece los procesos de pensamiento crítico.

-       Ausencia de un proyecto vital. El éxito se mide por el número de amigos en Facebook y no por el logro consciente y esforzado de metas.

-       Exceso de prisas. Todo corre más deprisa. Queremos que “lo que nos apetece” se haga ya. Ahora, como tengamos nosotros que realizar algo, ya nos tomaremos nuestro tiempo.

-       Exceso de información. Somos capaces de “enterarnos” cómo va el mundo con un solo “click”. Ahora bien, ¿Saben ustedes que el uso de Smartphones genera ansiedad por ausencia de reforzamiento?

-        Sobrepeso relacional. Hemos evolucionado en clanes y familias. En los noventa, los científicos sociales decían que podíamos llegar a conocer a unas 800 personas. Y ahora tenemos Facebook, Twitter y no se cuántas redes sociales más.

-        Trabajos no productivos. Existen tanta cantidad de “jefes”, es decir, mandos intermedios, que las empresas no pueden ganar dinero suficiente para pagarlos. Y en realidad son “arreadores”. Se dedican a controlar a los “subordinados”. Pero ¿producir?, lo único que producen es gasto.

-        Pobreza ética. Pregúntenle a sus hijos que cuáles son sus valores. O si saben la importancia de tener reglas. ¿Ni idea, verdad? ¿Les suena a chino?

-        Falta de profesionalidad. Entendida como responsabilidad. Hacemos lo que nos da la gana sin asumir las consecuencias de nuestros actos.

-        Motivación basada en lo material o pobre motivación intrínseca. ¿Cuántas personas pueden decir que se dedican a lo que siempre han querido? Pocas. El valor de un trabajo se mide por el salario asignado. La única regla es tanto tienes, tanto vales, por eso un trabajo de 120.000 euros al año es mejor que uno de 30.000. Aunque ni veas a tu mujer (te da igual. No la soportas), a tus hijos, (te da igual. No se van a ir de casa. Ya tendrás tiempo para verlos) o a tu perro (te da igual. De hecho, no te has enterado que nunca has tenido perro).

-        Comunicación infantil. ¿Han oído hablar de la palabra nagging? No. Es cuando tu mujer está detrás de ti con “haz la cama”, “hay que recoger la ropa”, “llama a fulano” “tienes que…”. No buscar las palabras apropiadas, no usar los tonos de voz, soltar las cosas según vienen a la cabeza… El “nagging” suele minar la cordialidad de las relaciones y las mata poco a poco, pero la comunicación superficial… puede generar males mayores a los de las siete plagas.

            Autonomía, dominio, fines. Autonomía, dominio, fines. Autonomía, Dominio y fines. No nos cansamos de repetirlo una vez más. Las palabras mágicas son Autonomía, Dominio y Fines.

            Autonomía es autogestión. Es decidir la tarea que uno va a hacer, el tiempo que le va a dedicar, con que técnica y con qué equipo. El Dominio es mejorar en un área de la vida hasta ser un experto mundial en se área. El dominio es comprometerse: querer mejorar y perfeccionar en algo que importa. El desafío intelectual – querer aprender  dominar algo nuevo – es el mejor vaticinador de la productividad. Y fines: las metas y los objetivos son los que dan un marco de referencia a nuestra vida. Sin ellos, somos pollos corriendo sin cabeza.

            Piensen un momento: ¿Su trabajo lo puede hacer alguien por menos dinero del que cobra usted? ¿Su trabajo lo puede hacer más rápido un ordenador?  y ¿hay poca demanda para lo que usted hace? Si puede responder sí a las tres, cambie de trabajo. Se va ir al paro. Si puede contestar sí a una o dos, piense en un nuevo desarrollo profesional. Aprenda a crecer sobre la autonomía, el dominio y los fines. Eso es saber crecer. Prossem le enseña las herramientas.

martes, 7 de febrero de 2012

LAS FINANZAS...

            El 31 de Octubre de 1517, un joven monje llamado Martín Lutero clavaba en la puerta de una iglesia sus 95 tesis sobre las indulgencias. Lo que empezó con un acto que pretendía una discusión académica, terminó en un enfrentamiento con el papado, con el emperador Carlos V y con la ruptura de la Iglesia. Los tratados de 1520 separaron la doctrina protestante de la católica.

            500 Años después, algunos autores han querido ver el desarrollo económico de algunos países en relación con el triunfo de la Reforma (Lutero, Calvino y otros) o de la Contrarreforma (Concilio de Trento, San Ignacio de Loyola…). Los países reformados son Alemania, Holanda, Inglaterra, EE.UU (por ser colonia británica)… Los países donde la Iglesia Católica siguió al frente fueron España, los países Latinoamericanos, Portugal, Italia… Grecia, curiosamente, pertenece a la tradición Ortodoxa.

            En el año 2012, los países donde el catolicismo sigue vigente son aquellos que econonómicamente están peor: Irlanda y Portugal, ambos intervenidos, España e Italia, ambos en situación crítica y con déficits superiores al 8%. Grecia, rescatada dos veces y las que te rondaré morena.

            Ya sabemos cómo salir de la crisis… nos hacemos protestantes… pero resulta que Baviera, el estado federal de Alemania más rico, capital Munich, sede de Siemens, BMV, Adidas… es Católico en un 60%. Éstos Bávaros, con su trabajo, se procuran el pan cotidiano, contribuyen al progreso continuo de las ciencias y la técnica, y elevan cultural y moralmente la sociedad en la que viven. Las palabras son de Juan Pablo II. (Laborem exercens).

            En 1930, Max Weber publicó “la ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Una de las hipótesis de Weber es que, dado que según el Calvinismo estamos predestinados, una manera de saber si Dios nos ha elegido o nos ha condenado, es mediante el éxito en las obras mundanas. Y por tanto, para los protestantes, el éxito en el trabajo, en las finanzas y en la vida es importante y se esfuerzan al máximo para lograrlo, porque, ¿quién quiere ir al infierno? Sin embargo, fue Erich Fromm, en “El miedo a la Libertad”, el que dio con la tecla del trabajo de Weber: con el protestantismo, el individuo fue dejado solo, todo dependía de su esfuerzo.  

            Y así es. Dependemos de nuestro propio esfuerzo.

            En el año 2007 uno de los miembros de Prossem predijo la crudeza de la crisis. Lo hizo en el marco de unas conferencias sobre el mercado hipotecario. Un director de un gran banco se rió de nosotros. En 2011, Prossem lanzó el curso “Entiéndete con las Finanzas” y ahora, en 2012, presentamos su segunda edición. Mientras Alemania marca y dirige con dureza la economía europea, Roubini o Soros critican a Merkel, los economistas liberales se pelean con Krugman o el gobierno español intenta que los bancos infravaloren sus activos para que los vendan, nosotros, los individuos, nos hemos quedado solos. Seguimos sin trabajo, sin dinero, con deudas y cada vez más personas van perdiendo la esperanza. Por eso queremos centrarnos en dotar a las personas de herramientas que puedan utilizar y les puedan ayudar.

            ¿En qué consiste nuestro curso? Queremos, sobre todo, que se tome conciencia de aspectos a los que no prestamos atención. Por ejemplo, el proceso de toma de decisiones a la hora de comprar una vivienda. O el de invertir un dinero que nos ha costado años de  trabajo ganarlo. ¿Sabían que las personas que no tienen experiencia inversora colocan sus ahorros en depósitos bancarios, como plazos fijos, que apenas superan la inflación? ¿Saben cuánto les cuesta realmente un piso sobre el que han constituido una hipoteca media de 150.000 euros a 30 años? ¿Saben que la mente humana está negada para los grandes números y que, de hecho, solo distingue entre uno, dos y muchos? ¿Se han preguntado que, para que alguien gane mucho dinero en un mercado financiero, otros lo han tenido que perder?

            En PROSSEM entendemos que es la práctica esforzada, orientada a fines, lo que nos hace aprender. Y nuestro curso de finanzas se estructura desde estas premisas: objetivos, análisis de la situación actual, plan de trabajo (esfuerzo individual), revisión del trabajo. Es decir, aprender a usar el dinero. Por tanto, la primera parte del curso se enfoca al establecimiento de metas, al análisis de nuestros dineros y a planificar nuestro trabajo. Como si fuésemos una empresa. “María S.A.” o “Fulanito S.A.”

            No es una tarea fácil, porque nos encontramos con muchas dificultades. Para marcarnos objetivos, hemos de aprender cómo hacerlo, para que sean realidades y no sueños. Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos a la hora de analizar nuestra economía actual. La mente, comete errores significativos cuando realizamos planes de trabajo o cuando no estamos atentos a aquello que estamos haciendo. La segunda parte de nuestra formación, se enfoca en las trampas mentales que nos podemos encontrar y cómo superarlas.

            Pero además, los mercados financieros nos ofrecen miles de formas de usar nuestro dinero. Y en los tiempos que nos ha tocado vivir, donde las pensiones menguan (viviremos más años jubilados que nuestros padres y que nuestros abuelos), donde el estado de bienestar que hemos conocido está amenazado, conocer las diferentes herramientas que tenemos a nuestro alcance no es una opción, sino una obligación. En la tercera y última parte del curso, nos dedicaremos a analizar esas herramientas y productos.

            No se trata de religión, ni de filosofía, ni de países soleados versus países fríos. Se trata de esfuerzo individual orientado a fines. En PROSSEM PSICOLOGIA Y FINANZAS, te ofrecemos una linterna con la que iluminar tus pasos.

miércoles, 25 de enero de 2012

CONTROL DE LAS EMOCIONES

El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ha iniciado un proyecto al que llaman “Emociones y Salud”. El proyecto nace de la observación de las consultas médicas, donde muchas de las preguntas están relacionadas con estilos de vida poco saludables, factores comportamentales, somatizaciones…

            El diario “El Mundo”, en su edición impresa de hoy, publicaba un artículo firmado por Elsa Punset en que afirma que, en equipos de alto rendimiento, donde el talento es tan igual entre un equipo u otro (el artículo se presentaba en relación al partido F.C. Barcelona – Real Madrid C.F, cuartos de final, partido de vuelta), la diferencia la marca la gestión de las emociones. Y nos habla de la tan cacareada Inteligencia Emocional.

            El diario electrónico “El Confidencial”, publica un video sobre la felicidad (El enlace es http://www.elconfidencial.com/multimedia/video/2012/01/25/el-secreto-del-hombre-mas-feliz-del-mundo-3552/ ).

            Y al igual que comentábamos hace quince días, las publicaciones sobre la felicidad y las emociones se han multiplicado en los últimos años, de forma que, citar un puñado de publicaciones, sería injusto.

            También han proliferado los cursos sobre Inteligencia Emocional en diferentes modalidades, tanto presenciales como en formatos “on line” y “a distancia”.

            Sin embargo, los psicólogos diferenciamos entre conocimiento declarativo y conocimiento procedimental. La diferencia es importante porque, en un curso de desarrollo de habilidades, lo que queremos es aprender a hacer. En un curso de “Gestión de las Emociones” se aprende a gestionar las emociones, no a saber cómo funcionan.

            No somos contrarios a la transmisión del conocimiento. Es más, somos los primeros interesados en que las personas sepan que tienen amígdala, y no son las anginas, que hay una cosa que se llama hipocampo, que Ledoux es un científico que estudia el circuito de las emociones y que uno de ellos se llama circuito de Papez. Corríjannos si nos equivocamos: saber todo eso no evita que, ante un hecho que te enfada, se suba la sangre a la cabeza, levantemos el tono de voz  y digamos cosas de las que luego nos arrepentimos.

            Entre las recomendaciones que nos encontramos para gestionar nuestras emociones nos encontramos las del tipo “relativiza las cosas” o “aprende cómo funcionan tus emociones”, que son correctas, pero no son suficientes. No se trata de saber qué es lo que tenemos que hacer, sino también cómo debemos hacerlo.

            Para gestionar las emociones, debemos aprender a hacerlo mediante práctica deliberada. Y ¿cómo funciona exactamente? Veamos:

-          La práctica está diseñada específicamente: se deben identificar elementos claramente definibles sobre los que se van a trabajar. El papel del psicólogo en este punto es fundamental, porque nosotros no nos vemos a nosotros mismos y nos puede ayudar a definir esos elementos.

-          Puede repetirse muchas veces: la repetición es lo que genera aprendizaje. Repetir, repetir y repetir…

-          La valoración externa de los resultados debe estar presente: aprendemos moldeando nuestro  comportamiento. Y así evitamos caer en un sesgo cognitivo, que es sobrevalorar nuestras capacidades. De nuevo, el psicólogo o el coach es muy importante en este caso.

-          Debe ser mentalmente muy exigente: la práctica deliberada es esfuerzo consciente, tanto de atención como de concentración.

-          No es divertida: el esfuerzo, la valoración de resultados, buscar elementos de nuestro comportamiento que debemos mejorar, no le gusta a nadie. Sin embargo, es lo que permite mejorar cada día.

            Prossem presenta un curso en gestión de las emociones, pero es un curso basado en la práctica deliberada. Ya existen en el mercado muchos cursos sobre emociones que, aunque hagas quince de ellos, no cambian nada en tu vida.  Nosotros le proponemos que desarrolle su práctica deliberada sobre las emociones, sobre sus emociones. Saber que la ira es una emoción que puede provocarle un infarto está muy bien pero es posible que usted no se enfade, que la ira no sea su problema, sino que lo sean los celos, o la tristeza, o los sentimientos de incapacidad.

            Además, el curso de Prossem añade un seguimiento y una valoración externa de los resultados, para lograr un aprendizaje superior.     

            Toda la información del curso de Prossem la pueden encontrar en http://www.prossem.es/

martes, 17 de enero de 2012

GESTIÓN DE ESTRÉS II

            Las personas hablan de aquello que tienen en la cabeza. La semana pasada vimos cómo el estrés y la ansiedad han llegado a estar en el foco de nuestra atención. Proponíamos ir al psicólogo y exponíamos las dificultades que el ejercicio de la profesión psicológica comporta.

            Otra de las soluciones es utilizar terapias alternativas o acudir a terapeutas no psicólogos. Que si gestalt, PNL, homeopatía, sinergética, flores de Bach, bioespinología, naturopatía, lectura del aura, chacras, kinesiología, reiki y no sabemos cuántas cosas más. Sin entrar a juzgar la eficacia o no de estas técnicas o si lo son por efecto placebo (en Prossem ya nos hemos pronunciado sobre ello), nos encontramos con la misma situación: precios, número de sesiones, accesibilidad… Salvo en el caso de las pastillitas homeopáticas o las hierbas de mercadillo medieval. Con ellos el problema es de salud pública y denunciable. No hay estudios científicos que demuestren su eficacia o que ésta sea igual o mayor que la de las benzodiacepinas. De cualquier manera, el mecanismo oculto, es el de la falta de esfuerzo. Preferimos una pastilla, aunque sea de polvo de alcachofa cocida con pelusa del suelo diluida en agua trescientas veces,  que aprender estrategias que funcionan aquí, ahora y en el futuro. Y justificamos nuestra conducta y nuestra creencia buscando aquello que las confirma (en Internet seguro que encontramos algún remedio de alcachofa cocida) en lugar de hacer experimentos y falsar hipótesis.

            Por último, queremos resaltar que apreciamos un aumento de estresores. La situación de crisis económica genera nuevas formas de presión sobre las personas que están trabajando. La lucha por lograr objetivos, jefes que imponen su voluntad en lugar de criterios profesionales, la proliferación de mandos intermedios que mantienen sistemas de presión en cascada, hacen que los eslabones más débiles de la cadena se rompan. La amenaza de pasar a ser uno más de los cinco millones de parados es, cada día desde el año 2008, una realidad difícil de gestionar. Y peor está quién no tiene con qué pagar sus deudas, o la luz, o el agua… y no tiene ni siquiera trabajo o ayuda del Estado. La visión de tu familia sufriendo penurias rompe al más fuerte. Un estudio ha demostrado que las familias son las que están sustentando el entramado social de España. Sin ellas, sin el apoyo, de nuevo, de padres, hermanos… las conductas violentas se incrementarían más.

            Vamos a definir el estrés y la ansiedad:

¿Qué son? :
-        Una respuesta emocional. Nuestro cerebro se activa ante la presencia de una amenaza (real o imaginaria) que nos prepara para la acción inmediata. Como respuesta emocional, es un producto de la evolución (¡Nos salvaba de ser comidos por los leones!).
-        Ante una serie de amenazas reales o imaginarias. Existen diferentes tipos de amenazas. Unas son físicas (que nos quieran golpear en la calle para robarnos, o nos apunten con una pistola o una navaja), otras son crónicas (como una enfermedad de difícil o ninguna curación), otras son sociales (como perder el trabajo o que te abandone tu pareja). La diferencia es importante, porque el sistema funciona bien para las amenazas físicas, pero funciona mal, muy mal, para el resto de amenazas.


Que provocan cambios en:
-        Nuestro Organismo: se acelera el pulso cardíaco y los niveles de tensión arterial, se desactivan las funciones relacionadas con la alimentación y se activan las de eliminación (por eso, los niños y algunas personas se orinan cuando están en una situación muy estresante), se libera a la sangre glucocorticoides y el sistema inmunológico se desactiva también.
-        Nuestro comportamiento: optamos por conductas de escape (con el estresor presente, salimos corriendo) o de evitación (hacemos lo que sea para que la amenaza no aparezca) que, como enseña el Conductismo, suelen llevar aparejadas consecuencias aversivas diferidas.
-        Nuestro pensamiento: nos quedamos con la información negativa que confirma nuestras creencias, repetimos constantemente ideas negativas o incluso caemos en compulsiones. Pudiendo llegar a iniciar procesos de depresión.

Y tiene consecuencias en:
-        Nuestro organismo: puede ser causa de infarto, úlcera, dolores de cabeza… a nivel cerebral, se sabe que el exceso de estrés, medido por la cantidad de glucocorticoides en sangre, reduce el tamaño del hipocampo y daña los procesos de memoria.
-        Nuestro rendimiento: afecta a la concentración y a las capacidades ejecutivas, como la memoria o la planificación. Reduce la calidad del sueño.
-        Nuestra vida de pareja: reduce el deseo sexual y “sensibiliza”, es decir, reaccionamos de forma más agresiva.
-        Nuestra vida social: nos vamos quedando solos. Afecta a la búsqueda de relaciones con los demás.

            En lenguaje “de calle” funciona así: nuestra empresa inicia un ERE, y dicen que van  a despedir a mil personas. Como llevamos poco tiempo en la empresa, creemos que somos muy baratos de despedir y, por tanto, nos va a tocar. Empezamos a darle vueltas a la cabeza y no dormimos esa noche. Nos ponemos o de mal humor o un poco tristes y no hacemos ni caso a nuestra pareja. No nos acostamos con él/ella porque, en una situación así, eso de hacer el amor, es una frivolidad de adolescentes y no un acto para compartir, y porque no nos apetece. Los niños te cabrean más, pero piensas que “pobrecitos ellos, verás como me quede en el paro”. Cuando llevas así un mes, y no te han despedido, empiezas a vomitar, o te duele el pecho, tu mujer/marido no te aguanta, los niños te temen y has perdido quince kilos. Puede sonar a broma (hemos intentado que así sea), pero no lo es. Sucede exactamente así. Y podríamos ir más allá de lo que les hemos contado. 

            En Prossem hemos creado un curso de formación que trata de ayudar a las personas a reconocer los síntomas de la ansiedad y el estrés  y  a poner en marcha soluciones que las alejen del círculo vicioso. En nuestra página web, http://www.prossem.es/, pueden encontrar el temario y la información relativa al mismo.

            Todas las técnicas que se tratan en el curso tienen dos características. Una de ellas es que son de demostrada eficacia. Se basan en estudios bien formulados para comprobar su capacidad. La segunda característica es que todas ellas están centradas en lo que la persona realmente puede controlar.

            El curso es eminentemente práctico y requiere de la participación activa, dado que el modelo de aprendizaje es el “aprender haciendo” o “práctica deliberada”.

            El objetivo final es sacar la ansiedad de nuestro foco de atención y de dotar a los asistentes de estrategias de optimización de recursos que nos lleven a, en palabras de Daniel Gilbert, “tropezarnos con la felicidad”.

miércoles, 11 de enero de 2012

GESTIÓN DE ESTRÉS I : SITUACIÓN ACTUAL

            Asistimos a la aparición de una serie de trabajos acerca de la mente humana que llaman la atención y que permiten trasmitir el conocimiento psicológico y científico a todas las personas que estén interesadas en ella. Podemos ver en televisión o en Internet programas como Redes, el espacio de Eduard Punset; podemos comprar revistas como “Investigación y Ciencia” o su hermana “Mente y Cerebro”. O podemos adquirir libros de divulgación científica, ya que, casi todas las librerías, tienen secciones dedicadas a la Psicología o a la autoayuda.

            Uno  de esos libros, que data de 1995 la primera edición, es “¿Por qué las cebras no tienen úlcera? La Guía del estrés” de Robert María Sapolsky. Neurólogo, profesor de la Universidad de Stanford, ha estudiado los efectos en el cerebro del estrés. Nos ha regalado estudios de biología y psicología evolucionista como “Cuernas de barro” o “El mono enamorado”. Sus trabajos actuales se centran en la acción de la terapia genética para reducir el efecto de los glucocorticoides o los niveles de cortisol en machos alfa y sus subordinados para predecir el nivel de estrés. Su trabajo, desde 1994 del original en Inglés, hasta hoy, no ha perdido vigencia sino que cada día se refuerza más.  

            A lo largo del libro, Sapolsky estudia los tipos de estresores y las consecuencias de la respuesta al estrés, desde la aparición de úlceras, problemas cardiovasculares, disminución del apetito sexual, la analgesia producida por estrés, la modificación de umbrales perceptivos o capacidades cognitivas o la inhibición del sistema inmunológico. Como dice el propio autor, si llegas al último capítulo y no te has deprimido es o porque no has entendido el libro o porque lo has leído superficialmente.

            Pilar Varela logró un buen éxito con “Ansiosa – Mente”. El libro, lejos de la maestría de la psicología experimental de Sapolsky, es de gran ayuda. Nos ofrece un conjunto de reglas para reconocer la ansiedad, qué nos estresa, cómo nos afecta a nosotros mismos, en nuestro trabajo y en las relaciones con los demás, y qué podemos hacer para superarlo. Se publicó en 2002 y ha tenido varias ediciones. Cumple 9 años de vida.

            En 2011 hemos asistido a la explosión del Mindfulness en España. Desde el trabajo de Andrés Martín Asuero – su libro “Con rumbo propio” es un éxito editorial – hasta las traducciones de Jonh Kabat-Zinn, pasando por otros autores como Vicente Simón, el panorama se está plagando de libros. A veces, la explosión de un asunto depende de la moda. El problema no son las técnicas que se usan. La meditación existe desde los tiempos inmemorables, en las tradiciones budistas, árabes y cristianas. Como ejemplo, echen un vistazo a la “Filocalia” o a la obra “El peregrino Ruso”.

            Si buscamos “estrés” en Google, encontramos 2.160.000 resultados en dos segundos. Para ansiedad, el buscador nos devuelve 27.300.000 resultados en 0.14 segundos. La ansiedad es uno de los apartados de los manuales diagnósticos así como de las clasificaciones de enfermedades (CIE – 10 y DSM –IVR). Incluso se ha trasladado al mundo del deporte como explicación a la falta de pericia en un momento dado de un jugador. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo y su ansiedad, son compañeros de viaje desde que este llegara al Real Madrid. En septiembre de 2009, Jorge Valdano, el que era Director Deportivo del Real Madrid, decía que Cristiano podría sufrir ansiedad de cara al gol. Este argumento se ha usado cada vez que el jugador ha estado dos o tres partidos sin marcar.

            Lo que queremos resaltar aquí es que la ansiedad es un problema, o así lo entiende la sociedad occidental actual. Sin embargo, las respuestas que se han dado no han sido suficientes. Al igual que con las emociones, no nos educan para gestionar el estrés o la ansiedad, lo que provoca que muchas personas utilicen estrategias deficientes para defenderse de ella. Hasta tal punto es así, que en Gran Bretaña ha comenzado un movimiento asociativo para demandar a los médicos que recetan ansiolíticos (Benzodiacepinas) por sus efectos secundarios. La medicación funciona, es cierto. Pero es una solución fácil a corto plazo que genera problemas a largo plazo (como habituación o dependencia). Skinner lo llamaba “consecuencias aversivas diferidas” y sus efectos perniciosos se deben a nuestra incapacidad de ver el tiempo de forma geológica, lo que es normal, dado que nos morimos con 80 años, no con unos cuantos millones de años.

            En España, además, la ansiedad y sus derivados, tienen dos problemas añadidos más. Por un lado, la valoración negativa que se tiene de la psicología y de los profesionales que a ella nos dedicamos, y por otro, el precio de los servicios psicológicos.

            En cuanto a la valoración de los psicólogos, en este bendito país, todavía ir al psicólogo es de “locos”, de “personas que se inventan la enfermedad” o argumentos por el estilo. Sólo se accede al profesional cuando una tercera persona, generalmente la que sufre al paciente, le “obliga” a ir. Pero éste no es el problema principal. El reflejo de la situación de los psicólogos es que hasta este año pasado, 2011, no se ha incluido a la psicología como profesión sanitaria.  

            En lo relativo al precio de los servicios psicológicos, en un país con cinco millones de parados, 614 euros como salario mínimo y con una serie de recortes en sanidad que alejan a la psicología de la financiación por parte de la Seguridad Social, pagar 40 euros o más por consulta, está al alcance de cada vez menos personas. Una terapia de 6 sesiones para eliminar una fobia te cuesta 250 – 300 euros, como poco. Y la gran mayoría social de este país no lo puede pagar. Y si lo puede pagar, considera que el psicólogo es el último profesional al que acudiría con esas cantidades de dinero. Esto provoca dos situaciones. Una de ellas, que si quieres o necesitas a un profesional, accedes a él a través de seguros médicos, que pagan al profesional una miseria por paciente. Lo que perjudica la atención y la calidad del servicio. El profesional debe atender a muchos pacientes (volumen) para ganar dinero en lugar de atender a pocos y bien pagados (margen). La segunda situación que se provoca es que un alto porcentaje de psicólogos se dedique a la profesión como actividad complementaria de otra actividad profesional. Encontramos que el psicólogo es maestro, comercial, banquero y después, profesional de la salud. Y no puede cambiarlo porque si no, no come.

            Por tanto, a día de hoy, no es una solución barata y rápida para la ansiedad acudir a un psicólogo, para que nos enseñe a gestionarla.

En la próxima publicación, seguiremos reflexionando sobre el estrés y sus efectos.